Varias banderas, un mismo mástil color violeta.

por Julia Goulart

Bajo la premisa central de “Ore rembiapo ovale” (Nuestro trabajo vale, en guaraní) marcharon una decena de miles de paraguayas por calles del centro de Asunción con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Las mujeres aborígenes protagonizaron un momento tenso al reclamar los abusos policiales y el hambre que sufre su comunidad sin tierra, que desde principios de diciembre acampa en la Plaza de Armas, ubicada frente al Congreso paraguayo.

La convocaría comenzó en la recientemente renombrada Plaza de la Mujer y terminó en la Plaza de la Democracia, donde un escenario montado esperaba a quienes leerían la proclama escrita por varios grupos feministas, que hacían reclamos principalmente relativos a la legislación laboral, y luego daría lugar a espectáculos artísticos protagonizados por mujeres.

Se podía ver a simple vista que en este país, donde la participación cívica no es moneda corriente, debido a que la represión policial en estos casos si lo es, y donde los derechos laborales están muy lejos de respetarse, que la lucha feminista simboliza mucho más que solo el reclamo por la equidad y los derechos de la mujer: la lucha feminista en Paraguay es un espacio de participación para muchas minorías que no habían encontrado hasta entonces apoyo ninguno.

Es así que mujeres campesinas e indígenas reclaman su derecho a la tierra para trabajar, tierras de las que son expulsadas violentamente por militares cuando sus tierras son alquiladas para el monocultivo de soja. Las mujeres trans pedían acceso al trabajo y la educación así como la erradicación de la sistemática violencia que sufren, especialmente por la policía. Las afro-paraguayas organizadas buscaban hacer presente su invisibilizada población, tocando el tambor –cosa que hasta este día solo hacían los hombres de su comunidad- en un país donde se dice no hay negros. Las mujeres políticas buscan acciones afirmativas para conseguir representación en los ámbitos de toma de decisiones.

Las lesbianas y bisexuales denunciaban violencia y acoso tanto en el ámbito estudiantil como
laboral, donde muchas veces su condición de homosexuales es motivo no formal de despido. Las empleadas domésticas, principal empleo de las mujeres pobres paraguayas, exigen el derecho al salario mínimo nacional, ya que por ley les corresponde solamente el 60% del mismo.

Mujeres de asentamientos urbanos aún lloraban por los recientes ataques que sufrieron cuando la policía les desalojó prendiendo fuego sus precarias casas. Esto no quiere decir que “cada una tire agua para su pozo”, explicaba una de las encargadas de seguridad y convocatoria, “acá la mujer es vulnerada en muchos ámbitos y de diversas maneras, todas tienen sus banderas y todas la causas son causas de todas, además de los reclamos centrales que afectan a todas por igual”. Se repetían entre todas las agrupaciones las premisas de “NO ES NO”, “VIVAS NOS QUEREMOS” y “ESTADO LAICO YA”.

Esta última cuestión arraiga un problema central y sórdido de la realidad paraguaya: todos
los días una niña menor de 15 años es obligada a parir, siendo además la mayoría de los casos un embarazo producto de una violación perpetrada por un adulto. #NIÑAS NO MADRES resonaba en cada rincón de la marcha erizándole la piel a cualquiera.

No fue hasta el final de la lectura de la proclama que se presentaron dos mujeres indígenas representantes de una comunidad de la etnia Ava Guarani, acompañadas de un quincena de niñas y niños, cortaron el evento tomando el micrófono para pedir desesperadamente apoyo para los suyos, que acampan en la plaza frente al congreso desde que fueron desalojados de sus tierras. En este tiempo sufrieron abusos y maltratos policiales, además de hambruna y enfermedades por la falta de condiciones de higiene y agua potable, lamentaron varias muertes por inanición y la de un hombre nativo a causa de un disparo efectuado por un vecino de la zona de la plaza donde se concentraban. Esa noche denunciaban que minutos antes habían intentado llevarse a una niña de la plaza. Desde la organización se hizo una inmediata denuncia al “Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura” y muchas de las concurrentes se trasladaron hacia la Plaza de Armas a modo de apoyo. Al día siguiente en ningún medio paraguayo se habla de este hecho, mientras son pocos los que dedican unos escasos renglones y fotografías a la multitudinaria marcha.

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