Valeria Ortiz es perseguida y agredida por homófobos en Salto

por Adriana Perdomo

Un estudio científico realizado por las universidades de Rochester, Essex y California, afirma que los homofóbicos rechazan su propia orientación sexual.

“La homofobia suele darse con más asiduidad en individuos con una atracción por el mismo sexo no reconocida, y que han crecido a la sombra de unos padres autoritarios que obviaban sus preferencias e intereses”, concluye el citado estudio

Dicha aseveración científica no justifica pero ayuda a entender el porqué del atentado sufrido por Valeria Ortiz -perpetrado por tres adolescentes y un adulto- en el barrio Don Atilio de la ciudad de Salto.

Pero la discriminación sexual que sufre Valeria no termina allí sino que se reproduce cada vez que intenta hacer valer sus derechos como mujer.

Nacida con el nombre de Jorge Roberto Ortiz, no ha logrado aún -a pesar de haber hecho los trámites y llamarse oficialmente Valeria Ortiz en el resto de documentos oficiales- poner al día su nombre en el título de enfermera. Este hecho aparentemente sin importancia, impide que Valeria consiga trabajo en Salto.

Nos cuenta cómo su pareja fue agredido en más de una oportunidad también por discriminación de género.

Saliendo de su casa, en el populoso barrio Don Atilio, Valeria fue insultada y luego agredida por cuatro vecinos, uno de ellos mayor y los tres restantes, adolescentes. Si bien pudo identificar claramente a su principal agresor y realizó la denuncia policial aún no se ha apresado al agresor.

Valeria y su pareja son objeto constante de agresiones y pedreas por lo que es urgente la necesidad de mudarse de barrio.

Valeria es discriminada por ser una mujer trans

En pleno SXXI, una sociedad que disfruta de las libertades y los avances tecnológicos típicos de la época, se comporta como en la peor época de la inquisición religiosa medieval.

La única explicación racional que logramos encontrar es la del estudio de las prestigiosas universidades mencionadas en el inicio de la nota. Es por ello que necesitamos abandonar la hipocresía característica de una sociedad dominada por el conservadurismo y la reacción a lo desconocido.

De una vez por todas hemos de lograr respetar a las demás personas si queremos ser respetados nosotros mismos, como individuos.

Valeria, con su testimonio, nos deja la interrogante sobre si seremos capaces de comportarnos como verdaderos seres humanos. Algo que debemos reflexionar si realmente queremos formar parte de una sociedad un poco más avanzada que ésta, en la que vivimos.

 

 

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