Diferenciemos ‘pérdida’ de ‘inversión’. No confundamos hinchazón con panza.

Pérdida e inversión son dos conceptos que se diferencian fundamentalmente por los retornos esperados de cada uno de ellos. En la pérdida no hay retorno y en la inversión sí.

Mientras la pérdida es la simple utilización de un bien o servicio a cambio de una contraprestación que no genera retorno alguno para cubrir una determinada necesidad o servicio inmediato, la inversión espera conseguir rendimiento y beneficios de futuro.

Esa inversión, cuando la realiza un gobierno, no siempre estará asociada a obtener una mayor rentabilidad en dinero, sino que bien puede significar una mejora o beneficio posterior de otra índole: mejorar la calidad de vida de las personas cuidando el medio ambiente y su salud, aumentar los puestos de trabajo que permitan acceder a una alimentación y vivienda dignas, reducir al máximo la pobreza energética, aumentar las opciones educativas gratuitas y de calidad, mejorar las infraestructuras que permitan optimizar los tiempos de ocio, etc.

Un elevado porcentaje de recursos para poder cumplir con estos objetivos sale de la contribución social que hacen las empresas del Estado, en especial ANCAP y UTE, por medio de sus aportes a Rentas Generales, las que ascienden a un 30% de sus utilidades.

Según las propias palabras del Economista -grado 5- Daniel Olesker, los problemas que atraviesa ANCAP -desde el punto de vista financiero- “parten de los importantes aportes que hace el ente al gobierno central, tanto en forma de aportes directos como el 30% de sus ingresos, como el Impuesto Específico Interno que es más del 40% del precio de la nafta, el subsidio al supergas y el fideicomiso del gasoil.”

En los años 2013, 2014 y 2015, sólo ANCAP trasladó U$S 2.500:000.000 (dos mil quinientos millones de dólares americanos) a Rentas Generales por tres conceptos: lo recolectado por el IMESI, por el IVA y el aporte para el subsidio al precio del boleto.

No olvidemos el subsidio al supergas del que se benefician todos los ciudadanos. Hoy el costo al público de una garrafa de 13 kilos de supergas es de $U 565,60 (quinientos sesenta y cinco pesos uruguayos con sesenta centésimos) pero su costo real supera los 800 pesos, y esa diferencia la subsidia ANCAP para contribuir a achicar la brecha de la pobreza energética. UTE tiene un programa que se llama 230 que reduce la factura de la luz considerablemente si no se supera un consumo de 230 Kw/mes, por poner otro ejemplo de energía subsidiada.

Una inversión se realiza pensando en mejorar y superar las expectativas a mediano y largo plazo. En general, los gobiernos no realizan inversiones altamente especulativas a corto plazo por el riesgo que esto implica para el país.

En 2005, año en que el Frente Amplio asume la dirección de ANCAP, la mayor empresa pública del país estaba en bancarrota, con instalaciones en lamentable estado de conservación y varias de sus plantas literalmente cerradas. Para poder poner a producir al ente público hubo que dotarlo de la infraestructura que le permitiera alcanzar niveles mínimos de calidad de refinamiento de combustible, por poner tan sólo un ejemplo. Ni que hablar del esfuerzo realizado para poder reabrir plantas que habían sido cerradas y de crear nuevas que contribuyeran a mejorar el medio ambiente, abriendo numerosos nuevos puestos de trabajo.

La planta desulfurizadora

Para poder mejorar la calidad de combustibles fósiles y equiparar la calidad de nuestra nafta a estándares internacionales, reduciendo la contaminación ambiental generada por su combustión, es indispensable que el azufre sea separado para luego ser recuperado y destinarlo a otros usos.

La planta “desulfurizadora” de ANCAP es la mayor obra ambiental de la historia de Uruguay y se construyó para cumplir con ese cometido tan importante que repercute directamente en la mejora de la salud.

Un país que previene enfermedades producidas por las emanaciones del combustible , no solo gana en la salud de sus habitantes , sino también cuida su propia economía.

El proceso de eliminación de azufre en las naftas que produce ANCAP se realiza desde la instalación de la planta desulfurizadora, en la refinería de ‘La Teja’, que fue inaugurada en 2013. Está instalada en un predio de aproximadamente 8.000 metros cuadrados.

Esta planta permite eliminar unas 300 toneladas diarias de azufre en los combustibles y tuvo un costo aproximado de US$ 360:000.000 (trescientos sesenta millones de dólares americanos).

En todo el proceso de las obras participaron alrededor de 1.200 trabajadores en su mayoría nacionales y algunos técnicos extranjeros.

Generar nuevos puestos de trabajo, mejorar el medio ambiente y la calidad de los combustibles ¿es pérdida o es inversión?

 

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