Carta abierta de un cooperativista a sus compañeros: “Alerta Cooperativas de vivienda”

Estamos en un momento político del país donde se plantean futuros programas de gobierno partidarios retrógrados, disfrazados de ‘reivindicaciones del campo’.

Algunos de esos planteos son los tradicionales de las gremiales más potentes (ARU, FRU, etc.), como son: bajar algunos impuestos y quitar otros, bajar el precio del gasoil y la electricidad para el campo.

Pero cada día que pasa se agregan a esos planteos históricos otras propuestas que estaban bajo la alfombra como ser el recorte de la Inversión social y la supresión de varios de su planes.

Su caballito de batalla es intentar contraponer a la clase media con los más necesitados sin importar si le acortamos la esperanza de vida a esos niños y ancianos que dejarán sin cobertura de ningún tipo.

Si con este planteo piensas que solo afectarán a los beneficiarios del MIDES, estás en un error.

En esa misma línea programática de recortes sociales están los excluidos del mercado en diferentes áreas:

Nosotros -los cooperativistas de vivienda- somos excluidos al acceso a la vivienda ya que ningún banco privado nos da un préstamo.

No hay números exactos pero aproximadamente un 90% de los que ingresamos a una cooperativa de vivienda lo hacemos por la necesidad de un techo

Para los que somos excluidos, el Estado actual tiene planes sociales con recursos públicos dispuestos para que podamos satisfacer nuestras necesidades familiares de coexistir en una vivienda digna.

El planteo actual de quita de impuestos a los grandes productores del agro, la subida del dólar y la baja del combustible solo puede financiarse con recortes a los recursos sociales con que contamos desde hace pocos años.

Si permitimos que avance la teoría de “un estado mínimo”, dejaremos librada la economía y la seguridad social a los más poderosos económicamente en detrimento de los más débiles.

Esa política de recortes y eliminación del estado en las áreas sociales ya la conocemos demasiado bien, no nos podemos olvidar cuando demorábamos 10 años en tener un préstamo o como cuando nos vaciaron el Fondo Nacional de Vivienda que nos llevó en estas fechas a una marcha multitudinaria a Punta del Este o cuando hacían desembolsos de fondos para las obras cada tres o cuatro meses, si teníamos suerte.

Compañeros, no compremos discursos maquillados, recortar los recursos públicos es recortar la inversión del Estado en planes sociales.

El acceso a la Vivienda, a la Educación y a la Salud son necesidades básicas de cualquier pueblo. Son las necesidades básicas a las que debemos aspirar los trabajadores del campo y la ciudad pues somos lo únicos que generamos riqueza con nuestra fuerza de trabajo.

Lo que nos están pidiendo es -una vez más- que renunciemos a nuestros derechos para que unos pocos se enriquezcan cada vez más.

Este planteo ya es obsoleto y se ha demostrado que no ha dado resultado y no lo dará. Hoy por hoy, el capitalismo más avanzado tiene claro que no puede crecer si ahorca a quienes generamos la riqueza.

No nos dejemos engañar por un minúsculo grupo de políticos que aún viven en el Siglo XIX y que cuentan con el apoyo de unos pocos seres ambiciosos que jamás se conformarán con la riqueza que ya han acumulado en varias generaciones y que no les importa nadie más que su propia prole.

No podemos ser ilusos y debemos de darnos cuenta que estas propuestas pregonadas por algunos sectores del campo no es otra cosa que recorte de derechos laborales y sociales esenciales.

Imaginen, compañeros, que están en construyendo su cooperativa y que -a mitad de obra- se les dispara el dólar, de SU 28,50 a $U 36,00 o $U 40,00. Quedarían las viviendas sin terminar y habríamos perdido todo lo que pusimos.

Imaginen los demás trabajadores cuánto perderían de salario real automáticamente con el dólar a ese precio… otra vez se repetiría la crisis de 2002 ya que la mayoría de las cosas que compramos son importadas o sus precios se translucen de dólar al peso.

Por ende, compañeros, no podemos ser ilusos y creer que esto es solo una lucha de un sector del campo contra el gobierno.

Es una lucha de las sectores con poder económico contra la sociedad trabajadora y los que menos tenemos, porque no quieren distribuir nada de su riqueza.

Quieren crecimiento, sí, pero solo para ellos.

Abrazo fraterno

Seba, un cooperativista más

 

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